En el marco de la materia Deontología y Prosocialidad, guiados por la licenciada Jeanine, tuvimos la oportunidad de poner en práctica los valores de la ética y la moral a través de diversas actividades prosociales. Una de las experiencias más significativas fue nuestra visita a los ancianitos, donde compartimos momentos de alegría, compañía y aprendizaje mutuo, reafirmando la importancia de la empatía y el compromiso social en nuestra formación como futuros profesionales del Derecho. Además, disfrutamos de una dinámica actividad física que, más allá del ejercicio, nos permitió fortalecer la colaboración y el espíritu de equipo en un ambiente lleno de diversión. A lo largo del curso, también llevamos a cabo exposiciones y debates en los que analizamos distintos dilemas éticos, reflexionando sobre la importancia de actuar con integridad y responsabilidad en nuestra vida personal y profesional. Estas vivencias no solo enriquecieron nuestro conocimiento teórico sobre la deontología y la prosocialidad, sino que también nos impulsaron a interiorizar y aplicar estos principios en nuestra cotidianidad, reafirmando el papel fundamental de la ética en la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
La deontología es la rama de la ética que establece los deberes y principios que rigen el comportamiento profesional en diversas disciplinas, especialmente en el Derecho. Su objetivo es garantizar que los profesionales actúen con responsabilidad, integridad y justicia, priorizando el bienestar social y el respeto a los derechos fundamentales.
En el ámbito jurídico, la deontología es esencial para mantener la confianza en el sistema legal, asegurando que abogados, jueces y demás operadores del Derecho cumplan con normas éticas que eviten abusos y arbitrariedades. Los códigos deontológicos establecen pautas sobre la relación con clientes, colegas y la sociedad, promoviendo la imparcialidad y la transparencia en cada actuación profesional.
Comprender y aplicar la deontología no solo fortalece la práctica del Derecho, sino que también refuerza su propósito fundamental: la búsqueda de la justicia y la equidad.

La prosocialidad es el conjunto de conductas voluntarias y positivas orientadas a beneficiar a otras personas, promoviendo la cooperación, la solidaridad y el bienestar social. Se manifiesta en acciones como ayudar, compartir, escuchar y apoyar a quienes lo necesitan, sin esperar una recompensa inmediata.
Desde un enfoque ético y jurídico, la prosocialidad es clave en la construcción de sociedades más justas y equitativas. En el ámbito del Derecho, se refleja en la defensa de los derechos humanos, el acceso a la justicia y el ejercicio profesional con responsabilidad social. Un abogado con principios prosociales no solo busca cumplir con la ley, sino también generar un impacto positivo en su entorno, fomentando el respeto y la equidad.
Fomentar la prosocialidad fortalece los lazos comunitarios y contribuye a un entorno donde la justicia y la empatía son pilares fundamentales del desarrollo social.

La ética es la rama de la filosofía que estudia los principios y valores que guían el comportamiento humano, ayudando a diferenciar entre lo correcto y lo incorrecto. No se trata solo de cumplir normas, sino de actuar con responsabilidad, justicia y respeto hacia los demás.

En el ámbito jurídico, la ética es esencial para garantizar un ejercicio profesional íntegro y justo. Un abogado ético no solo sigue la ley, sino que también considera el impacto moral de sus acciones, asegurando que su labor contribuya al bienestar social y al respeto de los derechos fundamentales.
La ética no es estática; evoluciona con la sociedad y sus necesidades. Sin embargo, su propósito central se mantiene: orientar las decisiones humanas hacia el bien común, promoviendo la confianza, la transparencia y la equidad en todas las interacciones.
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Los códigos deontológicos son conjuntos de normas y principios éticos que regulan el ejercicio de una profesión. Establecen los deberes y responsabilidades de los profesionales para garantizar el buen desempeño de su trabajo y la protección de los derechos de las personas con quienes interactúan. En el ámbito del Derecho, los códigos deontológicos regulan la conducta de abogados, jueces, fiscales y otros operadores jurídicos, asegurando que actúen con honestidad, independencia,
confidencialidad y lealtad hacia sus clientes y la justicia. Un ejemplo destacado es el Código Deontológico de la Abogacía Española, que establece principios fundamentales para el ejercicio profesional en España. Estos códigos no solo imponen deberes, sino que también previenen conflictos de interés y sancionan conductas indebidas. Aunque no siempre tienen fuerza legal, su incumplimiento puede conllevar sanciones disciplinarias dentro del gremio profesional.